Por Alexis Salvador Osses Moyano.
Enfermero, Magíster en Gestión y Dirección en Salud.
Docente Carrera de Enfermería Ulagos.
Durante los últimos días, un fantasma recorre Chile, y en esta ocasión ha sido el fantasma del fanatismo dogmático del gobierno actual: el de perseguir al pequeño y defender al grande. El fantasma que recorre nuestro país actualmente reparte más desigualdad e incertidumbre; atraviesa los muros de miles de hogares, llegando a uno de los lugares que cada pensábamos que era de los más seguros: nuestras cuentas bancarias.
Esto ha llevado a que, como en un polvorín, se extienda el miedo, la ansiedad y la inseguridad en familias completas que no tienen certezas de en qué momento les darán un manotazo, quitándoles sus sueldos o incluso sus ahorros. Aun con lo anterior, el gobierno del presidente José Kast hace gárgaras con que seguirán esa vía, persiguiendo a deudores que cometieron un error, pero que no son criminales.
Por otra parte, el oxímoron de las incongruencias del gobierno es que, a través de sus parlamentarios, sigue blindando indirectamente a la corrupción, a las mafias y al narcotráfico, al defender a ultranza que no se pueda avanzar en el levantamiento del secreto bancario. Esta situación hubiese ayudado a despejar muchas sospechas, como el financiamiento irregular de la política mediante sistemas como la «cuota Flores», o los casos de administradores municipales y alcaldes que piden aportes «no tan voluntarios» para sus campañas de reelección.
Tenemos una certeza: el ejecutivo actual ha decidido usar el aparato del Estado para apretar al pequeño, al ciudadano de a pie, buscando a su vez facilitarle las cosas e incluso dando perdonazos a los grandes. El ejecutivo actual decide, por doctrina, socavar la fe pública, dañando el pacto social; las consecuencias de esto las pagaremos todos, más temprano que tarde.
