Nos están insultando en nuestra propia casa: ¿Chile rehén de la derecha radical?

A través de una revisión que conecta el quiebre institucional de 1973 y la histórica visita de Fidel Castro con el escenario actual, este análisis examina la presencia del mandatario argentino Javier Milei en el país y sus declaraciones sobre la política chilena. El texto aborda el marco institucional y político en el que fue recibido por el presidente de la República, José Antonio Kast, evaluando las implicancias de estos liderazgos en la soberanía y el debate interno.

Por Gustavo Ellery Cid- Periodista.

Uno de los recuerdos más críticos de la época política contemporánea en Chile, que cruza la frontera de dos siglos, ha sido el golpe de Estado de 1973, el que derivó en una dictadura militar de 17 años.

El gobierno de Salvador Allende fue derrocado en un infausto y cruento 11 de septiembre, donde la democracia fue derribada brutalmente.

La derecha entonces no tenía muchos apellidos como hoy. Era una derecha democrática, conservadora, tradicional, pero que terminó siendo cómplice activo o pasivo de este quiebre. Incluso hubo adhesión de próceres de la Democracia Cristiana, partido poderoso en esa época con Frei Montalva, Aylwin y Tomic.

Bien, un factor intrusivo y claramente polémico fue la visita de Fidel Castro, quien se inmiscuyó en la política interna de nuestro país, paseando su oratoria antiderechista y una inaplicable tesis revolucionaria socialista en Chile. La derecha política no perdonó esta intromisión en asuntos internos; menos las mentes militares golpistas. No fue una visita, la de Fidel, realmente adecuada. Probablemente haya sido impertinente, atendido su claro sesgo ideológico.

Lo dicho precedentemente sirva como una «jurisprudencia política» para tratar de interpretar, en un contexto histórico, los afanes intrusivos de liderazgos ideológicos permitidos por la autoridad local.

Hoy jueves se vivió en Chile una no sólo impertinente, sino que intolerable intromisión en cuanto a nuestra historia política por parte del presidente argentino, Javier Milei.

En nuestra propia casa denostó a un sector importante de la política chilena, en el marco de una absoluta permisividad de nuestros gobernantes, anfitriones de un encuentro ultraderechista inédito en el país, uno de cuyos fundadores y precursores es nada más ni nada menos que nuestro propio presidente de la República.

Entonces Kast, desde el podio de jefe de Estado y mientras Milei insultaba en la práctica al 60% que rechaza actualmente su gestión, lo recibía en La Moneda con honores, saludando a un público acomodaticio como si fuera un jerarca mundial… claro, con los pies de barro.

Más que actuales probables conflictos geopolíticos que implican soberanía chilena, Kast ha terminado privilegiando un estrato político-ideológico radical antes que los intereses soberanos del país.

Kast sonríe, expresa una alegría incontenible, cree estar a la par con los líderes que de manera elocuente avanzan emulando una época de fanatismo, durante la Guerra Fría.

Parece que para esta estirpe, el Muro de Berlín aún no se ha derribado…