Por Javier Barría, editor de contenidos – Sociedad Periodística del Sur (SOPESUR)
Hablar de presupuestos públicos muchas veces se reduce a un ejercicio de frialdad numérica y ajustes contables que ignoran la realidad de los territorios, como quizás lo está mirando el Ministerio de Hacienda de la actual administración del presidente Kast. Sin embargo, cuando las tijeras de la economía amenazan con suspender programas sociales de alto impacto, el golpe resuena con fuerza en el esfuerzo diario de las regiones, de las escuelas rurales y de las mesas de las familias trabajadoras. La eventual eliminación de los recursos para el programa “Yo Elijo Mi PC” y las Becas TIC pone en riesgo una de las herramientas más nobles del Estado, aquella que premia la constancia escolar, el mérito académico y la decisión de ir a la escuela todos los días para no quedar atrapados en las redes de la pobreza. Si bien como país no podemos hablar de un estancamiento generalizado, versus la realidad del continente latinoamericano, la realidad cotidiana demuestra que la brecha digital entre las grandes urbes y las comunas rurales es profunda, haciendo imperdonable que se pretenda desmantelar un apoyo que ha demostrado transformar vidas.
Para comprender la magnitud de esta herida social, resulta indispensable mirar con detención los datos oficiales y duros que marcan el pulso de nuestra comuna de Fresia, respaldados por los antecedentes levantados en el Censo 2024. De acuerdo con estas estadísticas oficiales, el 65,92% de los hogares en Fresia no cuenta con un computador (ya sea de escritorio o portátil), lo que significa que dos de cada tres familias en el territorio carecen de esta herramienta tecnológica fundamental. En la misma línea, el 66,04% de las viviendas en la comuna no dispone de servicio de internet fijo —lo óptimo para trabajar y aplicar el concepto de esta era, donde las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y las aplicaciones de la inteligencia artificial avanzan sin esperar, haciendo aún más imperativo democratizarlas—. Es imperativo recalcar que no podemos relevar la realidad de un teléfono inteligente, pues un smartphone no es lo mismo que un equipo adecuado para la educación y el desarrollo: la pantalla táctil y un celular no reemplazan la capacidad de un computador con acceso a internet fijo para realizar tareas escolares profundas, redactar informes o enfrentar las exigencias del aprendizaje moderno. A esta barrera de conectividad se suma un factor socioeconómico lapidario: las mediciones confirman que el 48,52% de la población se encuentra en situación de dependencia económica, lidiando con ingresos limitados que hacen financieramente imposible que una familia trabajadora pueda adquirir un equipo por sus propios medios en el comercio.
A este panorama de carencia digital se aúna el diagnóstico estructural que entrega el Ministerio de Desarrollo Social a través de las encuestas socioeconómicas oficiales, las cuales revelan que la comuna de Fresia presenta una tasa de pobreza por ingresos del 21,4% y una pobreza multidimensional del 20,6%, superando de manera preocupante los promedios regionales y nacionales. Esta realidad se complementa con los registros actualizados del Registro Social de Hogares, que indican que un 31,4% de las personas en la comuna habitan en hogares carentes de servicios básicos, mientras que los años de escolaridad promedio de toda la población apenas alcanzan los 8,5 años, situándose muy por debajo de la media del país 10,4 años.
En un territorio donde la economía local se sostiene gracias al esfuerzo diario de micro y pequeñas empresas agrícolas y comerciales —mientras muchos deben salir fuera del límite comunal por falta de fuentes de empleo, ya sea hacia las pesqueras o el mundo forestal—, la educación de los hijos se alza como la única gran palanca de movilidad social y la única vía real para romper el ciclo de la desigualdad.
Frente a este escenario, el computador portátil que entrega la Beca TIC no constituye un lujo pasajero ni un premio decorativo, sino una herramienta de absoluta justicia social que incluye el equipo de estudio con sus accesorios, programas educativos y conectividad gratuita a internet por un año completo para asegurar el aprendizaje en el hogar. Para dimensionar el impacto positivo de esta política pública en el territorio, cabe recordar que solo este año el beneficio llegó a 96 estudiantes de nuestra comuna, contribuyendo de manera directa a reducir la brecha digital y entregando oportunidades reales para su desarrollo académico.
Quitar este derecho a las futuras generaciones de estudiantes bajo la excusa de la estrechez fiscal significa castigar el mérito escolar y condenar a la niñez y la adolescencia a cargar con una brecha de acceso y oportunidades en la era digital en la cual estamos hoy en día.
