Responsabilidades claras en el papel, ausencia de control en el territorio
El reciente ataque sufrido por un perro en un sector poblacional de la comuna de Fresia —donde fue brutalmente agredido por una jauría y quedó con lesiones de extrema gravedad, con órganos expuestos, debiendo ser trasladado de urgencia hasta la comuna de Los Muermos para ser operado y salvar su vida— no es solo un hecho lamentable. Es una alerta roja sobre una realidad que la comuna viene arrastrando hace años: la tenencia irresponsable de mascotas y la débil aplicación de la normativa vigente.
Este caso, ampliamente denunciado por animalistas a través de redes sociales, evidencia que los perros atacantes no estaban bajo control, situación que contraviene directamente la Ordenanza Municipal de Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía de la Comuna de Fresia, aprobada y vigente desde abril de 2023.
La ordenanza es clara. Establece que los tenedores responsables deben evitar que sus animales deambulen libremente, mantener cierres perimetrales adecuados, prevenir episodios de agresión y responder civil y legalmente por los daños causados por sus mascotas. Asimismo, faculta al municipio para fiscalizar, intervenir y actuar frente a animales sin supervisión que representen un riesgo para la comunidad y otros animales Decreto795.
Entonces, la pregunta es inevitable:
¿Por qué siguen ocurriendo ataques de esta magnitud en sectores poblacionales?
La respuesta parece estar menos en la falta de normas y más en su escasa aplicación. Fresia no carece de ordenanza. Lo que falta es fiscalización efectiva, educación permanente y una presencia municipal activa en el territorio, especialmente en aquellos sectores donde la presencia de perros sueltos o jaurías es conocida por los propios vecinos.
Cuando una ordenanza no se fiscaliza, se transforma en letra muerta. Y cuando la autoridad local no actúa de forma preventiva, la consecuencia no solo la pagan los animales, sino también la comunidad: niños, adultos mayores y otros vecinos que conviven diariamente con un riesgo latente.
Este caso no debería quedar reducido a una publicación viral ni a la indignación momentánea en redes sociales. Debe marcar un antes y un después en la forma en que la Municipalidad enfrenta la tenencia responsable. Porque la normativa existe, los instrumentos legales están disponibles y las responsabilidades están claramente definidas.
Lo ocurrido no es un accidente inevitable. Es el resultado de omisiones reiteradas.
Y mientras la ordenanza no se aplique con decisión, seguirán siendo los animales —y tarde o temprano las personas— quienes paguen el costo de la inacción.

