Desastre sin control: Región del Biobío bajo las llamas

La noche cae sobre el centro-sur del país y el fuego sigue avanzando. A esta hora, las regiones del Biobío y Ñuble enfrentan una de las emergencias forestales más devastadoras de las últimas décadas. Decenas de focos activos, empujados por vientos intensos y temperaturas extremas, mantienen en vilo a miles de familias que han debido abandonar sus hogares mientras las llamas consumen cerros, bosques, barrios completos y sueños construidos por años.

El panorama es desolador. En comunas como Penco, Tomé, Lirquén, Concepción, Nacimiento, Laja, Ránquil y Quillón, el incendio dejó escenas que recuerdan los peores episodios vividos por el país: casas reducidas a cenizas, calles cubiertas de humo, animales muertos, y vecinos que observan en silencio lo que alguna vez fue su vida cotidiana. En varios sectores, el fuego avanzó con tal velocidad que no dio tiempo a rescatar pertenencias. Solo se salvó lo indispensable: la vida.

Las cifras son dolorosas. Durante esta jornada se confirmó un número creciente de personas fallecidas, además de cientos de viviendas destruidas y miles de damnificados. Las evacuaciones se multiplicaron durante todo el día mediante el sistema de alertas de emergencia, mientras bomberos, brigadistas forestales, personal municipal y fuerzas de orden trabajan sin descanso, muchas veces superados por la magnitud del siniestro. La prioridad ha sido clara: salvar vidas, aunque eso signifique perderlo todo.

Ante la gravedad de la situación, el Gobierno decretó Estado de Catástrofe para ambas regiones, permitiendo el despliegue de las Fuerzas Armadas y la adopción de medidas excepcionales. En el Biobío, incluso se establecieron toques de queda nocturnos en comunas críticas para facilitar las labores de emergencia, resguardar la seguridad y evitar desplazamientos en zonas de alto riesgo. Helicópteros, aviones cisterna y maquinaria pesada operan sin pausa, aunque las condiciones climáticas siguen jugando en contra.

Desde Concepción, el Presidente Gabriel Boric encabezó reuniones con alcaldes y autoridades regionales, reconociendo la magnitud de la tragedia y reafirmando que el Estado utilizará todas las herramientas disponibles para enfrentar la emergencia. En un gesto político poco habitual, el Mandatario confirmó además coordinación directa con el Presidente electo José Antonio Kast, remarcando que, frente a esta catástrofe, Chile debe actuar unido. Ambos sostendrán una reunión en La Moneda para compartir información actualizada y coordinar acciones.

La emergencia también despertó una ola de solidaridad transversal. Bomberos de distintas regiones del país llegaron al Biobío y Ñuble para reforzar el combate del fuego. Municipios habilitaron albergues y centros de acopio, mientras miles de personas comenzaron a donar agua, alimentos, ropa y artículos de primera necesidad. En redes sociales, la ciudadanía comparte información clave, rutas seguras y llamados de ayuda, transformando la angustia en apoyo colectivo.

Sin embargo, la noche es larga y la amenaza persiste. Las autoridades advierten que las próximas horas serán decisivas. El fuego aún no está controlado y el riesgo sigue latente en zonas habitadas. Para muchas familias, esta madrugada marcará un antes y un después: la reconstrucción será larga, el dolor profundo, pero también queda en evidencia una vez más la capacidad de un país que, incluso en medio del desastre, no se abandona a sí mismo.