La catástrofe sigue escalando en el sur del país. A la pérdida de vidas humanas se suma la destrucción masiva de viviendas, miles de damnificados y un despliegue total del Estado para enfrentar una de las emergencias más graves de los últimos años.
La crisis provocada por los incendios forestales en la Región del Biobío alcanzó un nivel devastador durante las últimas horas, luego de que las autoridades confirmaran 15 personas fallecidas, convirtiendo esta emergencia en una de las más trágicas registradas en la zona centro-sur del país. A este dramático balance se suma la destrucción de al menos 253 viviendas, principalmente en las comunas de Concepción, Penco y Lirquén, donde el fuego avanzó con extrema rapidez hacia sectores poblados.
La información fue consolidada tras nuevas evaluaciones en terreno realizadas por equipos técnicos y de emergencia, en el marco de las sesiones permanentes del Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid), lideradas por el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED).
Viviendas arrasadas y miles de damnificados
El impacto material de los incendios es de gran magnitud. De acuerdo con reportes preliminares, más de 250 viviendas han resultado completamente destruidas, mientras que decenas presentan daños severos o parciales, situación que mantiene en alerta a las autoridades ante la posibilidad de que la cifra aumente conforme avance el catastro oficial.
Los sectores más afectados corresponden al eje Concepción–Penco–Lirquén, donde barrios completos fueron alcanzados por las llamas, dejando a cientos de familias sin hogar y generando una crisis humanitaria que ha obligado a habilitar albergues de emergencia y centros de acogida temporales.
Actualmente, más de 860 personas permanecen albergadas, en su mayoría en la Región del Biobío, mientras miles de evacuados se mantienen en casas de familiares o redes de apoyo comunitario. Las autoridades estiman que el número total de personas evacuadas supera las 50.000, tras la emisión de 87 alertas SAE desde el inicio de la emergencia.
15 fallecidos y decenas de lesionados
El balance humano es el más doloroso. La confirmación de 15 personas fallecidas en la Región del Biobío refleja la violencia y rapidez con que avanzaron los incendios, especialmente en zonas donde el fuego pasó desde áreas forestales a sectores urbanos en pocos minutos.
A esto se suma un número significativo de personas lesionadas, principalmente por inhalación de humo, quemaduras y accidentes durante evacuaciones de emergencia, las que han sido atendidas en centros de salud de la región.
Estado de Catástrofe y despliegue total
Frente a la magnitud del desastre, el Presidente Gabriel Boric decretó el Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe para las regiones del Biobío y Ñuble, lo que permitió reforzar el despliegue de recursos humanos, técnicos y logísticos.
En terreno operan más de 3.700 bomberos, brigadas forestales especializadas, equipos de emergencia, 24 aeronaves de combate aéreo y personal de las Fuerzas Armadas, quienes colaboran en evacuaciones, resguardo de zonas críticas, logística y apoyo a la población damnificada.
Como medida extraordinaria, se mantiene además un toque de queda en la Región del Biobío, con el objetivo de facilitar las labores nocturnas de control de incendios, prevenir nuevos riesgos y reforzar la seguridad en sectores afectados.
Llamado urgente a la prevención y a respetar evacuaciones
Desde el Gobierno y los organismos de emergencia reiteraron un llamado enfático a la comunidad a respetar estrictamente las órdenes de evacuación, mantenerse informada únicamente a través de canales oficiales y evitar cualquier conducta de riesgo que pueda originar nuevos focos de incendio.
Paralelamente, se anunció que una vez controlada la emergencia se iniciará un proceso exhaustivo de investigación para determinar las causas de los incendios y eventuales responsabilidades, junto con un plan de ayudas tempranas y reconstrucción para las familias que perdieron sus viviendas.
Mientras el fuego continúa amenazando nuevas zonas, el país enfrenta horas decisivas marcadas por la pérdida de vidas humanas, la destrucción de cientos de casas y miles de personas damnificadas, en una tragedia que vuelve a poner a prueba la capacidad de respuesta del Estado y la solidaridad de la comunidad nacional.
